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miércoles, 9 de julio de 2008

El Viaje Del Rey

No tengo tiempo para añadir aclaraciones; aquí va el tercero de la serie (bueno, el cuarto...)


“Cuando el buen Rey Limbeldun supo acerca de las nuevas sobre la llegada de los Beraquil a Turqugbar mandó llamar a los Hombres Valladar que estaban en la corte del Rey Kevlar a sus aposentos. Allí estaban muchos Valladar famosos cuyo nombre aún perdura en nuestras memorias y el eco de sus gloriosas aún mantiene a nuestros enemigos alejados de la Frontera de Vallocin. Había poderosos señores y magistrados como Bender el Sabio o Mundug el Magnánimo, había diplomáticos como Hunun el Hermoso, guerreros como Runun el Cuello de Toro, Guruc el Sabueso y Fínandall el certero y muchos más personajes importantes en la tierra del Oso de Oro. Una vez estuvieron todos reunidos en la habitación del Rey este les habló así:
-Como no tenemos tiempo para atravesar las Cuvec-dall, las montañas que nos separan de nuestra querida tierra-al decir eso hubo una gran excitación entre los Valladar de la peor ralea, los nacionalistas-, voy a tomar un séquito de más de catorce guerreros y menos de dieciséis y atravesaré a caballo el paso de Haptla.
Enseguida se formó gran revuelo entre los Valladar-menos los Republicanos-, ya que el paso de Haptla era el lugar más peligroso de entre Kantorhall y el Gran Mar, y muchos hombres temerarios hallaron la muerte entre su misteriosa niebla. Pero el Rey los mandó callar y volvió a hablar:
-Sé muy bien que el Paso ha causado la muerte de innumerables aventureros, caballeros, fugitivos, ermitaños, guerreros, comerciantes y viajeros, pero si sois capaces de abandonar a vuestro Rey en una situación de este peligro para su vida, con el fin de preservar la vuestra, ojalá que los dolores del parto os acosen cada vez que alguien os tache de hombres, para que en vuestra agonía recordéis que un día Yo, vuestro Rey, os etiqueté de lo contrario, y que sea esta estancia testigo de ello, ya que si os arrancaran una libra de carne de hombre pos cada libra de carne de mujer que haya en vuestro cuerpo pronto de vuestra huella en el mundo quedaría una roja mancha, y no los ecos de la gloria que todo Hombre, todo Valladar, tiene el deber de dejar en este traicionero y inhóspito mundo en que el Grande* nos ha mandado habitar.
Y amedrentados por la ira y la terrible maldición que el Rey les había lanzado los seguidores del Rey accedieron a acompañarlo, partiendo aquella misma noche hacia el incierto destino que les depararía aquel misterioso lugar.
Tras tres días de cabalgar sin cesar por la montaña los rocines del séquito de Limbeldun comenzaron a dar muestras de cansancio, pero el corcel del propio Rey, Lighnur, de la estirpe de Equinghar, de la más pura de las más puras entre las puras razas, seguía tan fresco como el primer día, de modo que el impetuoso monarca decidió adelantarse a sus seguidores mientras sus corceles descansaban.
Y aconteció que una vez hubo el Rey avanzado un trecho comenzó una terrible tormenta, pero no era una tormenta normal, pues eran las gotas de el color del oro más puro, contrastando con el gris del paisaje. Y la tormenta fue de mal en peor, y de peor en catastrófico, y de catastrófico a legendario, y de legendario a divino, pues caía ya nieve, y hielo, pero ambos eran rubíes y zafiros, y caían rayos, y estos eran de plata. Y uno de ellos vino a caer junto al corcel del Rey, y el corcel se asustó, y comenzó a correr, y corría como nunca alguno de su raza, un primo, un primo de un primo de su raza o un primo de un primo de un primo de un primo de su raza hubo corrido jamás, e incluso el Soberano, que era un avezado jinete podía detenerlo, y el paisaje desfilaba a velocidades increíbles, y al Rey le pareció ver huestes enteras de Valladares famosos, muertos ya, y otros soldados de Vallocin fallecidos que le miraban con asombro o le saludaban y le pedían que bajase y tomase algo con ellos, porque tenía cara de hambriento y cansado, e incluso reconoció a su padre, al padre de su padre, al padre del padre de su padre, al padre del padre del padre de su padre, al padre del padre del padre del padre de su padre, y a sus tíos, y a sus tíos abuelos, y a sus tataratíos abuelos, y a sus tetratíos abuelos, y a sus padres y a los padres de sus padres, y a los padres de los padres de sus padres, pues a todos ellos los había visto retratados en los cuadros y frescos del Palacio Real de Vallocin”

Un saludo.

1 comentario:

Unknown dijo...

Espero la continuación... y cambia -por favor- el "tras tres"... búscalo y verás.

...pasos de la evolución...