Este es un relato histórico que escribí durante mi estancia en el lugar de los hechos (Vigo) haciendo el vago (vacaciones lo llaman los más quisquillosos). Con él gané el certamen literario de Irabia y lo he mandado a otros tres crtamenes, que se fallan en septiembre. Ya os contaré que tal.
(como es relato corto lo colgaré en varias entradas)
RANDE: LA BATALLA DE VIGO
Corría el año 1702. Yo era por entonces un prometedor guardiamarina en la armada francesa. Mi escuadra estaba capitaneada por el valeroso Duque de Ormond. Recuerdo que estábamos de viaje escoltando a una escuadra española que transportaba el oro del Rey de España desde las colonias americanas hasta la península, con el fin de que el valioso metal entrase a disposición directa del rey o de sus validos. Cuando nos acercábamos a Sevilla, y con ello al fin de nuestro viaje, avistamos una poderosa escuadra anglo-holandesa que parecía mostrar intenciones hostiles hacia nosotros. Es decir, que querían (como todo hombre en sus cabales) apoderarse de nuestro precioso cargamento. Al comprobar que un enfrentamiento directo con aquellos ladrones marinos había de ser nuestra perdición, y con ella la del oro del Rey, nuestros oficiales decidieron poner rumbo al norte, bordeando el reino de Portugal, en dirección a la seguridad de las rías gallegas.
Al llegar al estuario de Vigo la escuadra recibió órdenes de internarse hacia el interior de la ría. Cuando nos aproximábamos a la ciudad nos ordenaron anclar y prepararnos para acampar. Estuvimos allí casi una semana entera, a lo largo de la cual preparamos los barcos y la costa para un posible ataque de la flota anglo-holandesa. Desembarcamos cañones, reparamos cascos, e incluso recuerdo que colgamos una gruesa cadena de metal en la zona más estrecha del estuario con el fin de impedir el paso de los buques enemigos. Y aún nos sobró tiempo para explorar la costa gallega.
Algunos de los otros barcos recibieron orden de descargar el oro, que fue llevado a Madrid en carros de bueyes. Al final llegó el maldito 23 de octubre, que fue el último día de muchos hombres buenos y de aún más hombres malos.
Aquella noche el almirante reunió a todos los guardiamarinas y nos dijo que el estado mayor tenía razones para creer que el enemigo había descubierto nuestro escondite. Luego nos explicó que habían decidido designar una escuadra al mando de un capitán que, ayudado por guardiamarinas voluntarios, se iba a encargar de tripular un buque de aviso, la Sirenne, cuya misión sería alertar al resto de la flota en caso de un ataque imprevisto por parte de los ingleses. También dijo que el barco sería supervisado en su nombre por el capitán Montjaune. Después pidió voluntarios de entre los guardiamarinas.
Yo fui el primero en presentarme.
También se ofreció François Levasseur, un valiente guardiamarina al que no he vuelto a ver después de la batalla.
Una hora más tarde los voluntarios estábamos embarcando en la Sirenne con todo lo necesario para la posible batalla. Aquel barco no era desconocido para mí ya que lo había tripulado en numerosas ocasiones en diversas misiones de exploración y de avanzadilla. El grupo estaba compuesto por Levasseur, el capitán Montjaune, el teniente Beçoú, yo mismo y unos cincuenta marineros.
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4 comentarios:
Muy bueno... me ha gustado mucho -mejor dicho, bastante, no te vayas a emocionar- una frase: "fue el último día de muchos hombres buenos y de aún más hombres malos". Ánimo y a por ellos.
Oigh gracias...
por cierto, ¿que ponía en el otro?
Ah, mi venerable padre está de acuerdo contigo sobre el anterior relato.
Adiós y adieu.
Lo mismo... pero se me había olvidado hacer click en el seguimiento de los comentarios.
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