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martes, 3 de junio de 2008

De nuevo, con correcciones (mirad el título del blog...)

He aquí la corrección de mi último post, pero sin imágenes:


Había una vez en un Reino de Al-Andalus un hombre llamado Yussuf. Era muy rico y muy poderoso, pues era el visir del Reino y el hombre de confianza de su Emir. Sin embargo, Yussuf no era feliz, pues tenía grandes ambiciones y desde hacía años codiciaba el lugar del Emir. El visir era, también, un hombre muy cultivado y en su privilegiada mente florecían las ciencias y las letras, especialmente el noble saber de la Astrología.
Un buen día el visir, sumido en sus cavilaciones sobre la forma de derrocar a su Emir y la manera de sucederle, se hallaba buscando entre los extraños artefactos que se almacenaban en los sótanos del palacio cuando, de pronto, un brillante objeto llamó su atención. Se trataba de una pequeña botella de cristal que contenía un reluciente líquido color plata. El visir, curioso, destapó la botella e, inmediatamente, un gigantesco Efrit1 surgió de ella envuelto en una nube de humo azulado.
Sin dejar tiempo al atribulado visir a reponerse de la sorpresa que la aparición del genio había causado en él, el Efrit dijo, con voz grave y grandilocuente:
- Tú, oh gran y afortunado señor, me has liberado del cautiverio en que estaba sumido. Ahora, en recompensa, te concederé tres deseos antes de regresar a la tierra de que procedo.
El visir, sin pensarlo dos veces, contestó:
- Oh, grande y poderoso Efrit a quien yo he liberado, deseo reclamar ya esos tres deseos de que me has hablado. En primer lugar quiero ser tres veces más robusto de lo que es la madera del cedro, de modo que ni la tierra ni los años harán mella en mí y así vivir con independencia del tiempo que pase, por mucho que sea, hasta el fin del mundo.
“Así”, pensó el visir, “a la muerte del Emir le sucederé en el poder”.
- En segundo lugar, quiero llegar nueve veces nueve más allá de donde la vista del hombre me permite escrutar.
“Así seré el mejor astrólogo del mundo”, siguió pensando.
- Y en tercer y último lugar, quiero que mi nombre sea conocido y recordado a través de los tiempos en caso de que una certera flecha o un afortunado golpe acabaran con mi vida.
“Así seré recordado por todos los hombres que vivan después de mí”, terminó de pensar.
Sin mediar otra palabra con el visir, el Efrit envolvió a Yussuf en una nube de polvo azulado similar a la que le rodeaba en el momento de su salida de la botella y desapareció.
Pero una vez la nube se hubo disipado ya no había rastro alguno del codicioso consejero, ni la menor huella, ni la mínima mota de polvo. En su lugar se encontraba un extrañísimo objeto metálico y alargado que hoy día conocemos bajo el nombre de telescopio.

Bueno, ya hasta aquí mi versión de la leyenda musulmana. Por favor, se agradecen comentarios.
Un saludo.

P.D: en marcha el estilo "Árabe..."

3 comentarios:

Unknown dijo...

Esto mejora... bastante. Para estilo árabe... recarga un poco las comparaciones, y dale un aire un poco exagerado; yo empezaría así -por ejemplo-: Sonriendo, la doncella ciega se sentó en el suelo y comenzó su historia: "has de saber, poderoso señor, que hace muchos años, en la resplandeciente ciudad de Cádiz, vivía un visir, de nombre Yussuf Ben Alí"

Tacod dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tacod dijo...

Creo que el "1" al lado de "efrit" (la 1ª vez que sale) sobra bastante.
Pero eso sí: tiene su gracia, está bien relatado con su habla antiguo pero con un ligero toque a pamplonica de vacaciones.

...pasos de la evolución...